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Acueductos Romanos – Historias 360°

Écrit par sur 7 février 2021

Comme chaque semaine sur euradio, Esteban Nigro, diplômé en géologie de l’Université de Buenos Aires, nous raconte une histoire.

Pour ce nouvel épisode d’Historias 360°, Esteban Nigro nous raconte l’histoire des aqueducs romains.

Chronique en espagnol, vous trouverez le script ci-dessous:

14 – ACUEDUCTOS ROMANOS

Imaginemos que salimos a caminar por la montaña, y luego de algunas horas llegamos hasta un claro con una vista magnífica. Teniendo a nuestros pies todo el valle, por un momento fantaseamos cómo sería vivir en aquel hermoso lugar. Con la vista recorremos este espacio y rápidamente encontramos un lugar para ubicar nuestra cabaña, otro donde atar los caballos e incluso un poco más allá el rincón para una huerta. ¿No está mal no? Continuando con nuestro hermoso proyecto de una posible vida allí, se nos presenta la primera dificultad… ¿de dónde obtener agua? Bueno… el transparente río que cruzamos unos kilómetros atrás en el sendero, por lo pronto podría ser una buena fuente donde abrevar. Claro que… de sólo imaginar ir y volver cada día en búsqueda de agua, no parece ser la solución para toda una vida allí. ¿Habrá alguna forma de traerla hasta nosotros? Un recuerdo de los años de escuela nos salva: aquel libro donde hablaba de los acueductos que han existido ya desde tiempos remotos. Bien podríamos nosotros en el siglo 21 hacer uno, ¿verdad? 

En aquella lección escolar, como regla número uno se decía que si ya conocemos la ubicación del río donde obtendremos el agua debemos ahora traerla hasta nuestro claro por gravedad. Y para ello, sí o sí debemos ubicarnos a una altura vertical inferior (o cota inferior, como decía el libro). Así que la cabaña que livianamente ya habíamos decidido en qué lugar ubicarla, ahora sabemos no puede ir en cualquier lado… Aplicada esa regla, pensemos en la número dos que hablaba de la superficie sobre la que corre el agua de nuestro acueducto. Dada nuestra ubicación en el medio de la montaña, podríamos labrarlo sobre el mismo terreno. Pero… ¿de cuánto debería ser su pendiente? Bien, veamos. Si el acueducto fuera casi plano, el agua circularía a tan baja velocidad que el sedimento que todo río posee, poco a poco se iría depositando hasta colmatar… ¿Debería ser entonces por el contrario, una pendiente como por ejemplo la de un tobogán? Y… el problema en ese caso sería el opuesto: el agua circularía a tanta velocidad que comenzaría a erosionar el fondo de mi acueducto. Nace así la regla número dos: debemos conseguir una pendiente intermedia donde el agua ni deposite sedimento, ni tampoco erosione. ¿Y cómo saberlo? ¿Debemos hacer un prueba y error con varias pendientes, hasta encontrar la adecuada? Uffff… de repente lograr traer el agua desde aquel río no parece tan fácil. ¿Cómo lo lograron nuestros ancestros?

La palabra acueducto proviene del latín, y está formada por la palabra aqua (o sea agua) y ducto, que proviene del verbo ducere (que significa guiar). Si bien se sabe que ya en la antigua Grecia existían ductos que guiaban el agua, el imperio romano fue el que llevó este arte a su máximo esplendor. El hecho de que incluso hoy en día, 2000 años después, podamos encontrar acueductos en toda Europa y norte de África habla de que para los romanos no había posible ciudad sin haberse asegurado antes de dónde obtendrían el agua.

Para desarrollar los acueductos, lo primero que hacían los romanos era dibujar un mapa topográfico preciso. Y para eso utilizaron la dioptra, instrumento de medición con el que obtenían las alturas de los principales accidentes geográficos y podían definir entonces por dónde iría el trazado. Una vez comenzada su construcción, para mantener una pendiente precisa y continua, utilizaban el corobate: una especie de nivel como el que en el presente usamos en cualquier construcción pero de gran escala. 

Si bien hoy en día los acueductos romanos más conocidos son los que encontramos sobre hermosas arquerías de medio punto, como es el el de Segovia, es interesante saber que eso representa tan sólo un sector de su recorrido. El mismo acueducto en otros tramos lo hace bajo tierra e incluso por dentro de una montaña labrada. Los romanos desarrollaron tanto el arte del abastecimiento de agua, que después de ellos hubo que esperar 16 siglos para volver a encontrar en el mundo ciudades con características similares de aprovisionamiento. La próxima vez que visitemos alguno de aquellos acueductos prestemos especial atención: tal vez nos pueda ayudar a construir el nuestro en aquel claro de la montaña.

Image : Bernard Gagnon, CC BY-SA 3.0

Pour retrouver tous les épisodes Historias 360° d’Esteban Nigro, cliquez ici


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